Romina, un restaurante en Polanco donde se da felicidad a borbotones.

Es un día de semana normal. Atravieso la ciudad hasta llegar a Polanco, específicamente a la calle de Homero. Diviso el restaurante Romina  donde tendré el privilegio de comer con Mario Magaña y José Sandoval, grandes expertos en el mundo del vino. Al entrar percibo que es un lugar pequeño y acogedor, que sirve tan solo a 50 comensales. Con una curiosidad  fundada en la fama que ha adquirido el lugar, me siento a la mesa  con gran espectativa. Soy de las que come para poder contarlo. Disfruto cada instante del acto gastronómico y me fijo en los detalles.

Mario es  una persona generosa y enamorado de su profesión. Me contagia de emoción desde el momento que llega la canasta de pan con grissinis de cinco granos  y focaccia recién hecha. Hablamos de cómo preparan la pasta de manera artesanal y con harina doble cero, algo obligado para conseguir la calidad. La carta ofrece además  carne, pescados y mariscos  realizados con recetas típicas de Italia.

Llega un vino blanco La Scolca, Gavi di Gavi, producido en Piemonte con la varietal Cortese, se le conoce por su  excelente acidez  y sabores cítricos. Uno de los vinos blancos más reconocidos. El vino nos abrió el apetito de inmediato y empezamos a disfrutar la burrata  con prosciutto di Parma, tomates en su punto y arúgula. Una combinación extraordinaria. No dejes pasar el aceite de oliva  Villa Donoratico, obtenido de 3.000 plantas  de las variedades toscanas: Frantoio, Moraiolo, Leccino  y Pendolino. Un must  untar el pan con este aceite mientras disfrutas de la mozarella. Luego llegó la berenjena a la parmesana  que maridó muy bien con la acidez del vino.

El momento decisivo ocurre con el pappardelle con trufa blanca de Alba. Esta pasta se corta a mano  y suele tener  tres centímetros de ancho. Se elabora con huevo y sabe a gloria. La mantequilla tomó el sabor de la trufa y el plato se llenó de aromas. El vino que armonizó el plato era nada menos que un Sasiccaia 2011, de la Tenuta San Guido. Un supertoscano  fuera de serie  con un paladar  complejo que te llena la boca. Grafito, cerezas rojas, ciruelas, cuero, vainilla y sotobosque. La emoción me embargó y disfruté hasta la última gota con respeto y agradecimiento.

El final feliz estuvo a cargo de un tiramisú y cerramos la experiencia con Grappa Jeio del Veneto, con notas florales  y frutas como peras y toronja.

Divisé los certificados de excelencia  otorgados al restaurante Romina por  Wine Spectator y Trip Advisor y me pregunté por qué razón no había venido antes.

 

 

 

 

 

 

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